Cuando un Médico dice que : «Negarle la quimioterapia no mata»es una afirmación peligrosa que choca con la OMS y la realidad de los pacientes
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la quimioterapia como uno de los pilares fundamentales en el tratamiento del cáncer. A través de múltiples informes y guías clínicas, la OMS enfatiza que la quimioterapia, especialmente cuando se administra en los tiempos y dosis indicados, puede reducir tumores, aliviar síntomas y prolongar la vida de millones de personas en el mundo.
De igual forma, la OMS advierte que la interrupción del tratamiento oncológico —ya sea por decisión médica, falta de insumos o cualquier otra causa— compromete gravemente la efectividad de la terapia. En palabras claras, interrumpir la quimioterapia sin justificación médica puede significar una sentencia de muerte para muchos pacientes.
“Por segunda vez, me reprogramaron la quimioterapia porque no hay el medicamento. ¿Qué no entienden que el cáncer no espera?”, asi lo manifesto un paciente de quincoagenario diagnosticado con cancer. Su denuncia expone una realidad indignante: en pleno 2025, la escasez de medicamentos oncológicos en hospitales públicos continúa costando tiempo… y posiblemente vidas.
Directivos del hospital donde se atiende el paciente ante el reclamo del paciente, se concretaron a responderque: «la no aplicación temporal de la quimioterapia no mata al paciente», minimizando la urgencia de los tratamientos oncológicos. Esta declaración ha generado malestar en pacientes y defensores de la salud pública.
Para muchos, esta respuesta institucional parece más una estrategia para desviar la atención de un problema estructural que un argumento médico basado en evidencia. Porque si bien una dosis omitida no causa la muerte inmediata, sí aumenta el riesgo de recaída o de que el cáncer se vuelva más agresivo.
La OMS ha subrayado en múltiples campañas que el tratamiento oportuno es clave. Cualquier retraso o suspensión afecta directamente la evolución de la enfermedad. El cáncer no se detiene mientras se consigue el medicamento; avanza, invade y transforma el cuerpo del paciente en un campo de batalla desigual.
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Los pacientes oncológicos no pueden vivir de promesas. Cada retraso en sus tratamientos representa angustia, dolor y, en muchos casos, un retroceso clínico. La respuesta de las autoridades no sólo carece de sensibilidad, sino también de respaldo científico.
Los hospitales y sus directivos deben prever escenarios de desabasto y tener protocolos alternativos para no comprometer la salud de los pacientes. ¿Qué planificación existe cuando se suspende una quimioterapia dos veces seguidas?
Las instituciones de salud tienen la obligación ética de garantizar la continuidad de tratamientos críticos. Justificar la falta de quimioterapia con frases vagas es irresponsable y peligroso. Los hospitales deben rendir cuentas, no escudarse en tecnicismos.
Callar o minimizar la importancia de una quimioterapia es jugar con la vida. “Se Gana con acciones, nunca con argumentos”. En este caso, las acciones —o la falta de ellas— están haciendo que el cancer gane, y los pacientes pierdan.
La falta de medicamentos no es solo un problema logístico; es una tragedia silenciosa que coloca a los funcionarios en una posición de poder sobre la vida de otros. Una decisión mal justificada, una frase mal dicha, puede ser la diferencia entre la esperanza y la desesperación. La salud no espera, y los pacientes tampoco deberían hacerlo.